—¿Lo inició usted en el negocio? —pregunté.
—¿Iniciarlo? ¡Lo hice yo!
—Ah.
—Lo saqué de la nada, directamente de la cuneta. En seguida vi que era un joven de buena presencia, con maneras de caballero, y cuando me dijo que estaba en Oggsford supe que podía servirme bien de él. Conseguí que se afiliara a la American Legion, y allí llegó a destacar bastante. Nada más empezar hizo un trabajo para un cliente mío en Albany. Éramos así de inseparables en todo —alzaba dos dedos bulbosos—, siempre juntos.
El gran Gatsby
