—Mi memoria vuelve atrás, hasta cuando lo conocí por primera vez —dijo—. Un joven mayor recién salido del ejército y cubierto de medallas ganadas en la guerra. Estaba tan sin un duro que tenía que seguir llevando el uniforme porque no podía comprarse ropa de calle. La primera vez que lo vi fue cuando entró en la sala de billar de Winebrenner’s, en 43rd Street, y pidió trabajo. No había comido nada en un par de días. «Venga, coma conmigo», le dije. Se zampó más de cuatro dólares en comida en media hora.
—¿Lo metió introdujo en los negocios? —pregunté.
—¿Introducirlo? Yo lo hice.
El gran Gatsby
CONTEXTO HISTÓRICO
Sala de billares ficticia.
