—Marietta—Cinco millas. ¿Qué es Marietta?
—Nunca he oído hablar de ella, pero sigamos. Aquí no podemos dar la vuelta y seguramente haya un desvío que nos devuelva a la Post Road.
El camino empezó a marcarse con roderas cada vez más profundas y con traicioneros taludes de piedra. Tres casas de labranza se alzaron un instante frente a ellos y pasaron de largo. Un pueblo brotó de pronto en un racimo de tejados apagados alrededor de un alto campanario blanco. […]
Ya era de noche cuando el agente inmobiliario de Marietta les enseñó la casa gris. Dieron con ella justo al oeste del pueblo, donde reposaba contra un cielo que era como una cálida capa azul abrochada con diminutas estrellas. La casa gris había estodo allí cuando las mujeres que tenían gatos eran probablemente brujas, cuando Paul Revere fabricaba dentaduras postizas en Boston como preparación para despertar a la gran gente del comercio, cuando nuestros antepasados desertaban gloriosamente de Washington en tropel. Desde entonces, la casa había sido apuntalada en un rincón endeble, considerablemente redistribuida y recién enlucida por dentro, ampliada con una cocina y aumentada con un porche lateral; pero, salvo por el hecho de que algún jovial patán había techado la nueva cocina con chapa roja, seguía siendo desafiantemente colonial.
Hermosos y malditos
