¡Uno habría pensado que Sixth Avenue era una calle segura! Después de renegar de su barbero del Plaza, una mañana dobló la esquina para que lo afeitaran, y mientras esperaba su turno se quitó la chaqueta y el chaleco y, con el cuello blando abierto en la garganta, se quedó de pie cerca de la parte delantera del local. El día era un oasis en el desierto frío de marzo y la acera estaba alegre, poblada por paseantes adoradores del sol.
Hermosos y malditos
CONTEXTO HISTÓRICO
Barbería sin especificar en West 52nd Street.
