Domicilio de Richard Caramel
Ficticio
—¡Caramba! —exclamó—. ¿Dónde vives? No puedo seguir caminando eternamente.
—Tu resistencia es toda mental, ¿eh? —replicó Dick con brusquedad—. Pues vivo aquí mismo.
Se metió en el edificio de apartamentos de 49th Street y, pocos minutos después, estaban en una habitación grande y nueva, con chimenea abierta y cuatro paredes forradas de libros. Un mayordomo negro les sirvió gin rickeys, y una hora se desvaneció cortésmente, al compás del acortarse meloso de las bebidas y del resplandor de un fuego claro de mediados de otoño.
Hermosos y malditos
